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Placa honorífica

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 Un día, no entendí el corre-corre que, de un momento a otro, se inició en mi casa. Algo así solo ocurría cuando estábamos próximos a las festividades de Navidad y fin de año, fechas en que hasta los familiares más lejanos llegaban a la casa elegida para concentrarnos y vivir las celebraciones. Pero esta vez no era así, pues apenas rozábamos el mes de junio; no obstante, los parientes de más lejos iniciaron su periplo. El ajetreo era intenso, algunos iban de aquí para allá como si alguien o algo los obligara a moverse; otros, en cambio, lo hacían  por inercia. Era algo confuso que a mediados de año estuviéramos celebrando algún acontecimiento. Nadie contestaba mis preguntas, ¿sería que, por aún ser joven, no necesitaba saber lo que estaba ocurriendo? ¿Sería que el “Pepe” se nos casaba y estábamos preparándonos para la pachanga? ¿Sería que se comió la torta antes de la fiesta y, entonces, obligatoriamente había que casarlo para tapar el qué dirán?… no lo sabía, nadie me lo decí...

El minero

  Eran ya más de diez horas de trabajo seguido, el ambiente estaba rodeado de polvo, restos de cemento y desorden por todas partes. Es práctica común en nuestros pueblos que las mujeres, una vez que han ayudado en la jornada, retornen a sus tareas domésticas. Cristina y Carmen forman parte de este grupo de mujeres. Cristina es la mayor de cinco hermanas. Tenía unos setenta años, era dueña de unas finas facciones, rostro pequeño, ojos profundos y cabello cenizo. Su facilidad de palabra la ha vuelto una persona de fácil empatía, es por tanto de entenderse que conoce y trata a la mayoría de sus vecinos. Su hermana menor, Carmen, tiene un carácter distinto. Se casó muy joven y, al convertirse en madre de tres hijos, tuvo que migrar a la ciudad en busca de una fuente de trabajo. La lucha por sobrevivir y el carácter enérgico de su marido la tornaron, con el tiempo, en un ser silencioso y taciturno. Volvieron a estar juntas. Carmen decidió construir una casa en la tierra que ha...

El hombre que no tenía miedo

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  Hace muchos años, Tomás decidió salir del campo y viajar a Quito en busca de trabajo. La situación económica en el sector rural era muy precaria y no había muchas oportunidades de ganar dinero. Una vez en la ciudad, visitó instituciones, comercios, construcciones y casas particulares solicitando una oportunidad.   Llegó a una casa muy vieja, despintada, con sus paredes deterioradas y un aspecto lúgubre, golpeó la puerta principal y una señora de edad avanzada abrió. —¿En qué le puedo ayudar? —le preguntó amablemente la anciana. —Necesito alquilar una habitación —le dijo Tomás. —Pase, por favor, tengo una disponible. El alquiler cuesta 60 sucres al mes. —De acuerdo, trato hecho —Tomás pagó gustoso. —Muy bien, pero debo aclararle que aquí nadie permanece más de una noche, porque la casa es terrorífica, se escuchan ruidos y las almas que penan. Le aviso, porque yo no devuelvo el dinero —manifestó la dueña. —Señora, no se preocupe, yo ...

El origen del monte Yana Urcu

  ¿Por qué no sería posible que exista una montaña que crezca infinitamente? Se dice que en tiempos muy lejanos, junto al cerro hoy conocido con el nombre de Cotacachi, había una llanura que constituía una enorme hacienda. Se dice que tenía vacas lecheras, cerdos, ovejas y toda clase de animales de los cuales se pudiera tener necesidad. En medio de la hacienda había un corral de ganado y, en medio de este, una pequeña piedra que apenas asomaba sobre la tierra, y que con el paso de los d ías crecía cada vez más. Cuando el señor de las tierras notó que había adquirido un tamaño considerable, ordenó que la quitaran de allí. Sin embargo, la piedra estaba ya tan enraizada que fue imposible desalojarla. Los días pasaron y el tamaño de la piedra seguía en aumento, y poco a poco iba apoderándose del corral. Ante el asombro del señor, la piedra aumentaba de tamaño, lo que le hacía vivir en continua zozobra. En los días y en las noches siguientes, la piedra continuó creciendo e impidió que e...

Los brujos

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Cuenta la leyenda que había una niña que vivía en el campo y tenía once años. Por las noches, escuchaba que de una olla salían ruidos que la asustaban mucho. Entonces, aterrorizada se refugiaba en su cuarto y se ponía a llorar. Una tarde, decidió preguntarles a sus padres qué había en esa vieja olla de barro y ellos le contestaron: —Nada, ¿a qué se debe tu curiosidad? —Es que esa olla hace muchos ruidos por las noches —confesó la niña tímidamente. —Pues no debes acercarte nunca más a ella. Una noche, cuando el viejo reloj marcaba las 12, la niña se despertó por los sonidos de la olla, entonces, decidió ir a investigar. Con valor, fue hasta donde estaba la vasija, pero se llevó una gran sorpresa, ¡sus padres estaban allí! Se ocultó para ver qué hacían: ellos se retiraron la piel de sus cuerpos, tomaron una escoba y salieron volando por la ventana. Al acercarse a la olla de b...
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 Antes de comenzar la lectura:  1º.- ¿Creéis que todas las personas se enfrentan de igual manera a los problemas de la vida? ¿Zanahoria, huevo o café? Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y lo difíciles que le resultaban las cosas. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.  Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.  La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente. Mir...